Proveedor o partner: una diferencia que solo importa cuando el proyecto es complejo
Hay proyectos que avanzan rápido.
Y hay otros que, aunque todo “funciona”, no terminan de arrancar nunca.
No es un problema de tecnología.
No es un problema de talento.
Y muchas veces tampoco es un problema de presupuesto.
Es un problema de enfoque.
Antes de empezar, casi nadie se detiene a pensar si lo que realmente necesita es alguien que ejecute…
o alguien que ayude a decidir.
Cuando el modelo de proveedor funciona (y cuando no)
Un proveedor es una figura perfectamente válida.
De hecho, en muchos proyectos es exactamente lo que se necesita.
Un proveedor:
-
ejecuta un alcance definido
-
trabaja sobre requisitos claros
-
optimiza tiempo y coste
-
reduce incertidumbre
-
entrega lo acordado
Cuando el problema está bien acotado y las decisiones importantes ya están tomadas, este modelo funciona muy bien.
El problema aparece cuando intentamos usar este mismo enfoque en proyectos que no están cerrados desde el inicio.
Qué cambia cuando el proyecto es complejo
Hay proyectos donde:
-
el núcleo del sistema no está completamente definido
-
las decisiones importantes aparecen durante la ejecución
-
el sistema se valida en uso real, no en una demo
-
no todo se puede anticipar en un documento inicial
En estos casos, el mayor riesgo no es ejecutar mal, sino decidir mal.
Y ahí es donde el modelo puramente proveedor empieza a fallar, no por falta de capacidad técnica, sino porque no está diseñado para asumir criterio.
Qué significa realmente trabajar como partner
Un partner no es un proveedor “más caro” ni un proveedor “con otro nombre”.
Es una figura distinta.
Un partner:
-
participa en la definición del sistema
-
aporta criterio cuando no hay respuestas claras
-
ayuda a tomar decisiones, no solo a implementarlas
-
piensa en el conjunto, no solo en la tarea
-
asume parte de la responsabilidad del resultado
La diferencia clave no está en lo que hace, sino en qué responsabilidad acepta.
Un partner no se limita a que algo funcione técnicamente.
Trabaja para que el sistema tenga sentido operativo, sea adoptable y sostenible en el tiempo.
La parte incómoda: no todos los proyectos necesitan un partner
Y esto es importante decirlo con honestidad.
No todos los proyectos necesitan un partner.
No todos los equipos lo quieren.
Y no todos los momentos son adecuados para ese tipo de relación.
Buscar un partner cuando en realidad solo se necesita ejecución suele generar frustración en ambos lados:
-
el cliente espera más implicación
-
el proveedor no tiene margen para asumirla
El problema no es elegir mal.
El problema es no saber qué se está buscando.
El coste no es el precio
En este punto suele aparecer la conversación equivocada: el precio.
Pero la diferencia real no está en una cifra.
Está en quién asume el riesgo de que el proyecto funcione.
Trabajar como partner implica:
-
más implicación
-
más responsabilidad
-
más decisiones compartidas
-
y, por tanto, otro tipo de compromiso
No es mejor ni peor.
Es distinto.
Entonces, ¿qué necesitas tú realmente?
Antes de arrancar un proyecto complejo, conviene hacerse una pregunta sencilla, pero incómoda:
¿Necesitamos que alguien ejecute lo que ya sabemos…
o que alguien nos ayude a construir lo que todavía no sabemos?
Responder bien a esa pregunta ahorra tiempo, fricción y muchos proyectos que nunca terminan de despegar.
Nuestra forma de trabajar
Nosotros trabajamos como partner tecnológico.
Eso significa que:
-
no entramos en todos los proyectos
-
no todos los enfoques encajan
-
y no todas las situaciones requieren este tipo de relación
Pero cuando el proyecto es complejo y el núcleo no se puede trocear, creemos que asumir criterio y responsabilidad no es un extra, sino una condición necesaria para que el sistema funcione de verdad.